La Biblia en Español Sencillo 2026
Zacarías 11
¡Abre tus puertas, Líbano, para que el fuego arda entre tus cedros!
¡Llora, abeto, porque ha caído el cedro y han sido derribados los grandes árboles! ¡Lloren, robles de Basán, porque han caído los árboles fuertes del bosque!
¡Se oye el llanto de los pastores, porque su gloria ha sido destruida! ¡Se oye el rugido de los leones jóvenes, porque ha sido destruido el orgullo del Jordán!
Así dice el Señor mi Dios: «Cuida del rebaño destinado a la muerte.
Sus dueños matan a las ovejas sin sentirse culpables. Los que las venden dicen: Alabado sea el Señor, porque me he hecho rico. Sus pastores no tienen compasión de ellas.
Yo tampoco volveré a tener compasión de los habitantes de esta tierra, dice el Señor. Entregaré a cada uno en manos de su prójimo y de su rey. Ellos devastarán la tierra, y yo no los libraré de sus manos».
Cuidé del rebaño destinado a la muerte para quienes obtenían ganancias de él. Tomé dos cayados: llamé a uno Hermosura y al otro Lazos. Así cuidé del rebaño.
En un solo mes eliminé a los tres pastores. Yo estaba cansado de ellos y ellos me aborrecían.
Dije: «No los cuidaré más. La que haya de morir, que muera; la que haya de ser destruida, que sea destruida. Que las demás se coman unas a otras».
Tomé mi cayado Hermosura y lo partí en dos, para romper el pacto que el Señor había hecho con todos los pueblos.
El pacto quedó roto ese día, y los comerciantes de ovejas que me observaban supieron que era la palabra del Señor.
Les dije: «Si les parece bien, páguenme; si no, no lo hagan». Entonces pesaron treinta siclos de plata como pago por mi trabajo.
El Señor me dijo: «Ponlo en el almacén, ese precio en que ellos me valoraron». Tomé los treinta siclos de plata y los puse en el almacén de la casa del Señor.
Después tomé el otro cayado, llamado Lazos, y lo partí en dos, para romper la relación de hermanos entre Judá e Israel.
El Señor me dijo: «Toma de nuevo las herramientas de un pastor insensato.
Pondré sobre esta tierra a un pastor que no cuidará de las que perecen, ni buscará a las extraviadas, ni curará a las heridas, ni alimentará a las enfermas. En cambio, comerá la carne de las gordas y dejará que se les rompan las patas.
¡Maldito sea el pastor insensato que abandona el rebaño! La espada caerá sobre su brazo y su ojo derecho. Su brazo se secará por completo y su ojo quedará totalmente ciego».
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