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La Biblia en Español Sencillo 2026

2 Reyes 5

Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, gozaba de gran estima ante su señor. Por medio de él, el Señor había dado la victoria a Siria. Era un hombre valiente, pero tenía una grave enfermedad de la piel. En una de sus incursiones, los sirios habían capturado en Israel a una niña, que pasó a servir a la esposa de Naamán. La niña le dijo a su señora: «¡Ojalá mi señor fuera a ver al profeta que está en Samaria! Él podría sanarlo de su enfermedad». Naamán fue a contarle a su señor lo que había dicho la niña israelita. El rey de Siria le respondió: «Ve. Yo enviaré una carta al rey de Israel». Naamán partió con diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez mudas de ropa. Llevó al rey de Israel la carta, que decía: «Te envío a mi servidor Naamán para que lo sanes de su enfermedad de la piel». Al leer la carta, el rey de Israel rasgó su ropa y exclamó: «¿Acaso soy Dios, capaz de dar la vida o quitarla? ¿Por qué me envía a este hombre para que yo lo sane? ¡Está buscando un pretexto para pelear conmigo!». Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado su ropa, le mandó este mensaje: «¿Por qué rasgaste tu ropa? Envíame a ese hombre, y sabrá que hay un profeta en Israel». Naamán llegó con sus caballos y carros y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo le envió un mensajero con esta orden: «Ve al Jordán y lávate siete veces en el río. Tu piel sanará y quedarás limpio». Naamán se enojó y se fue diciendo: «Yo pensaba que saldría a recibirme, invocaría el nombre del Señor su Dios, movería la mano sobre la parte enferma y me sanaría. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son mejores que todos los ríos de Israel? ¿No podría lavarme en ellos y quedar limpio?». Y se alejó muy enojado. Sus servidores se le acercaron y le dijeron: «Señor, si el profeta te hubiera pedido algo difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si solo te dice que te laves para quedar limpio!». Entonces Naamán bajó al Jordán y se sumergió siete veces, como le había dicho el hombre de Dios. Su piel quedó como la de un niño pequeño, y quedó limpio. Naamán volvió con toda su comitiva al hombre de Dios. Se presentó ante él y dijo: «Ahora sé que no hay Dios en toda la tierra sino en Israel. Te ruego que aceptes un regalo de tu servidor». Pero Eliseo respondió: «Tan cierto como que vive el Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada». Aunque Naamán insistió, Eliseo se negó. Entonces Naamán dijo: «Si no aceptas el regalo, permite al menos que me lleve tanta tierra de aquí como puedan cargar dos mulas. Desde ahora no ofreceré holocaustos ni otros sacrificios a ningún dios fuera del Señor. Solo pido que el Señor me perdone esto: cuando mi señor entre en el templo de Rimón a rendir culto, se apoyará en mi brazo y yo tendré que inclinarme allí. Que el Señor me perdone cuando me incline en el templo de Rimón». Eliseo le respondió: «Vete en paz». Naamán se alejó de él. Pero Giezi, servidor de Eliseo, el hombre de Dios, pensó: «Mi señor no aceptó nada de este sirio Naamán. Tan cierto como que vive el Señor, correré tras él y conseguiré algo». Giezi salió tras Naamán. Cuando Naamán lo vio correr, bajó de su carro a recibirlo y le preguntó: «¿Va todo bien?». Giezi respondió: «Todo bien. Mi señor me envía a decirte que acaban de llegar dos jóvenes del grupo de profetas de la región montañosa de Efraín. Te pide un talento de plata y dos mudas de ropa para ellos». Naamán le dijo: «Por favor, acepta dos talentos». Insistió en dárselos y puso los dos talentos de plata en dos bolsas, junto con dos mudas de ropa. Luego mandó a dos de sus servidores a llevarlo delante de Giezi. Cuando llegaron a la colina, Giezi tomó las bolsas de los servidores y las guardó en la casa. Después despidió a los hombres. Giezi entró y se presentó ante su señor. Eliseo le preguntó: «¿De dónde vienes, Giezi?». Él respondió: «Tu servidor no ha ido a ninguna parte». Pero Eliseo le dijo: «¿No estaba yo presente en espíritu cuando aquel hombre bajó de su carro para recibirte? ¿Es este el momento de aceptar dinero y ropa, olivares y viñedos, ovejas y bueyes, servidores y servidoras? La enfermedad de Naamán quedará en ti y en tus descendientes para siempre». Giezi salió de su presencia con la piel blanca como la nieve por aquella enfermedad.

La Biblia en Español Sencillo 2026. Public domain. Source: eBible.org. Typeset from the source files; no intended changes to scripture wording. BibleKenya is not endorsed by the rights holder.

Full source notice & licence · SourceEdition imported 2026-10-25.

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