La Biblia en Español Sencillo 2026
2 Crónicas 23
En el séptimo año, Joiada cobró valor e hizo un pacto con los jefes de cien soldados: Azarías, hijo de Jeroham; Ismael, hijo de Johanán; Azarías, hijo de Obed; Maasías, hijo de Adaía; y Elisafat, hijo de Zicri. Recorrieron Judá y reunieron a los levitas de todas sus ciudades y a los jefes de las familias de Israel. Todos fueron a Jerusalén. Todo el pueblo hizo un pacto con el rey en el templo de Dios. Joiada les dijo: «El hijo del rey debe reinar, como el Señor prometió acerca de los descendientes de David. Hagan lo siguiente: Un tercio de ustedes, los sacerdotes y levitas que comienzan su turno el sábado, vigilará las puertas. Otro tercio estará en el palacio real y otro en la puerta de los caballos. Todo el pueblo se quedará en los atrios del templo del Señor. Que nadie entre en el templo del Señor, excepto los sacerdotes y los levitas que deban servir allí. Ellos pueden entrar porque están consagrados. Todo el pueblo deberá cumplir las órdenes del Señor. Los levitas rodearán al rey, cada uno con sus armas en la mano. Maten a cualquiera que entre en el templo. Acompañen al rey cuando entre y cuando salga». Los levitas y todo Judá cumplieron lo que había ordenado el sacerdote Joiada. Cada jefe reunió a sus hombres, tanto a los que comenzaban su turno el sábado como a los que lo terminaban, porque Joiada no había despedido a ninguna división. El sacerdote Joiada entregó a los jefes de cien soldados las lanzas y los escudos del rey David que se guardaban en el templo de Dios. Colocó a todos los hombres con sus armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo del templo, junto al altar y al templo, alrededor del rey. Sacaron al hijo del rey, le pusieron la corona y le entregaron el testimonio. Lo hicieron rey, y Joiada y sus hijos lo ungieron y gritaron: «¡Viva el rey!». Atalía oyó el ruido del pueblo que corría y aclamaba al rey, y fue al templo del Señor, donde estaba la gente. Vio al rey de pie junto a la columna de la entrada, con los jefes y los que tocaban las trompetas a su lado. Todo el pueblo se alegraba y tocaba las trompetas. Los músicos tocaban sus instrumentos y dirigían la alabanza. Atalía se rasgó la ropa y gritó: «¡Traición! ¡Traición!». El sacerdote Joiada ordenó a los jefes de cien soldados que dirigían el ejército: «Sáquenla de entre las filas. Maten a espada a quien la siga». El sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor. La apresaron y la llevaron al palacio real por la puerta de los caballos del rey. Allí la mataron. Joiada hizo un pacto entre el Señor, el pueblo y el rey, para que fueran el pueblo del Señor. Todo el pueblo fue al templo de Baal y lo derribó. Rompieron sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán, sacerdote de Baal, delante de los altares. Joiada confió el servicio y el cuidado del templo del Señor a los sacerdotes y levitas que David había organizado en divisiones. Debían ofrecer holocaustos al Señor, según la ley de Moisés, con alegría y cantos, como David había ordenado. Puso porteros en las puertas del templo del Señor para impedir que entrara cualquier persona impura. Reunió a los jefes de cien soldados, a los nobles, a los gobernantes del pueblo y a todos los habitantes del país. Bajaron con el rey desde el templo del Señor y entraron en el palacio real por la puerta superior. Allí sentaron al rey en el trono. Todo el pueblo se alegró y la ciudad quedó en paz, porque habían matado a Atalía a espada.
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