La Biblia en Español Sencillo 2026
1 Crónicas 12
Estos son los hombres que se unieron a David en Siclag cuando todavía estaba apartado por causa de Saúl, hijo de Cis. Eran guerreros valientes que lo ayudaban en la guerra. Armados con arcos, podían lanzar piedras con honda y disparar flechas tanto con la mano derecha como con la izquierda. Eran parientes de Saúl, de la tribu de Benjamín. Ahiezer, el jefe, y Joás, ambos hijos de Sema de Guibeá; Jeziel y Pelet, hijos de Azmavet; Beraca y Jehú de Anatot; Ismaías de Gabaón, valiente entre los treinta y jefe de ellos; Jeremías, Jehaziel, Johanán y Jozabad de Gedera; Eluzai, Jerimot, Bealías, Semarías y Sefatías el harufita; Elcana, Isías, Azarel, Joezer y Jasobeam, todos coreítas; y Joela y Zebadías, hijos de Jeroham de Gedor. Algunos gaditas se unieron a David en su fortaleza del desierto. Eran guerreros fuertes, expertos con las armas; tenían el valor de leones y corrían por las montañas como venados. Ezer era el jefe; Abdías, el segundo; Eliab, el tercero; Mismana, el cuarto; Jeremías, el quinto; Atai, el sexto; Eliel, el séptimo; Johanán, el octavo; Elzabad, el noveno; Jeremías, el décimo; y Macbanai, el undécimo. Estos gaditas eran oficiales del ejército. El menor podía dirigir a cien hombres y el mayor, a mil. Ellos cruzaron el Jordán durante el primer mes, cuando estaba desbordado, e hicieron huir a los habitantes de los valles a ambos lados del río. También algunos de Benjamín y Judá fueron a ver a David en su fortaleza. David salió a recibirlos y les dijo: «Si vienen en paz para ayudarme, los recibiré de corazón. Pero si vienen a traicionarme y entregarme a mis enemigos, aunque no he cometido ninguna falta, ¡que el Dios de nuestros padres lo vea y los juzgue!». Entonces el Espíritu vino sobre Amasai, jefe de los oficiales, y él dijo: «¡Estamos contigo, David! ¡Somos tuyos, hijo de Isaí! Que haya paz para ti y para quienes te ayudan, porque tu Dios te ayuda». David los recibió y los puso al mando de sus tropas. Algunos hombres de Manasés se unieron a David cuando fue con los filisteos a la guerra contra Saúl. David no llegó a ayudarlos, pues los jefes filisteos decidieron despedirlo. Decían: «Volverá a su señor Saúl, y eso nos costará la vida». Cuando David regresaba a Siclag, se le unieron Adná, Jozabad, Jediael, Micael, otro Jozabad, Elihú y Ziletai, de Manasés. Cada uno mandaba a mil hombres. Ayudaron a David contra las bandas de asaltantes, pues eran guerreros valientes y oficiales del ejército. Cada día se unían más hombres a David, hasta formar un ejército enorme, como un ejército de Dios. Este es el número de los hombres armados que llegaron a Hebrón para entregar a David el reino de Saúl, conforme a la palabra del Señor. De Judá llegaron seis mil ochocientos hombres con lanzas, preparados para combatir; de Simeón, siete mil cien guerreros valientes; de Leví, cuatro mil seiscientos; Joiada, jefe de la familia de Aarón, llegó con tres mil setecientos hombres; y Sadoc, joven guerrero valiente, con veintidós oficiales de su familia. De Benjamín, parientes de Saúl, llegaron tres mil, porque hasta entonces la mayoría había permanecido fiel a Saúl; de Efraín, veinte mil ochocientos guerreros valientes, hombres reconocidos en sus familias; de la media tribu de Manasés, dieciocho mil hombres elegidos por nombre para hacer rey a David; de Isacar, doscientos jefes que comprendían la situación y sabían qué debía hacer Israel. Todos sus parientes estaban bajo sus órdenes; de Zabulón, cincuenta mil soldados preparados, con toda clase de armas, capaces de formar en batalla y unidos en su propósito; de Neftalí, mil oficiales y treinta y siete mil hombres armados con escudos y lanzas; de Dan, veintiocho mil seiscientos hombres preparados para la batalla; de Aser, cuarenta mil hombres preparados para la batalla; y del otro lado del Jordán, ciento veinte mil rubenitas, gaditas y miembros de la media tribu de Manasés, armados con toda clase de armas. Todos estos soldados llegaron a Hebrón decididos a hacer a David rey de todo Israel. El resto de Israel también estaba unido en ese deseo. Permanecieron tres días con David, comiendo y bebiendo lo que sus parientes habían preparado. Sus vecinos, incluso los de Isacar, Zabulón y Neftalí, llevaron alimentos en burros, camellos, mulas y bueyes: harina, tortas de higos, pasas, vino y aceite, además de muchos bueyes y ovejas. Había alegría en Israel.
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